EE.UU.: China, te amo, te odio, te haré crecer una vez más
Washington prepara una advertencia para 35 países: si quieren formar parte de su alianza tecnológica no podrán jugar al mismo tiempo con la iniciativa china de inteligencia artificial. Reuters reveló el borrador y Argentina está entre los países que ya se subieron al esquema estadounidense.
Por Administrador
Publicado en 14/09/2026 14:31 • Actualizado 14/09/2026 21:38
Actualidad

 

 

La pregunta es qué puede pasar cuando la pelea entre las dos potencias se ponga todavía más brava y el Gobierno de Javier Milei tenga que elegir entre seguir a Trump o defender los intereses argentinos. Porque mientras Estados Unidos intenta cerrarle puertas a China, puede estar haciendo exactamente lo contrario de lo que busca: empujarla a desarrollar todavía más su propia tecnología, sus propios proveedores y sus propias alianzas.

El asunto viene bastante claro. Estados Unidos está armando su propio club tecnológico alrededor de Pax Silica, una alianza que no habla solamente de inteligencia artificial. También mete en la misma bolsa minerales críticos, energía, semiconductores, infraestructura y cadenas de suministro. O sea, todo lo que hace falta para que la IA funcione y para decidir quién controla el negocio que viene. Argentina se incorporó en junio y también firmó la declaración estadounidense sobre oportunidades de IA.

Ahora Reuters cuenta que Washington prepara una carta para 35 países. El mensaje, traducido al castellano de la calle, sería más o menos: muchachos, pueden estar con nosotros, pero no anden jugando también con los chinos porque después no digan que no avisamos.

La idea es limitar el acceso de China a recursos y tecnologías considerados estratégicos. Y acá aparece el detalle que puede terminar siendo un tiro en el pie.

Porque China no está esperando sentada.

En julio, Xi Jinping presentó la World Artificial Intelligence Cooperation Organization, una estructura pensada como alternativa al esquema estadounidense. Ya se habían sumado 29 países. Beijing, además, está empujando modelos de IA de código abierto que vienen ganando terreno frente a los sistemas propietarios estadounidenses. Reuters viene siguiendo justamente ese avance.

Entonces aparece la contradicción.

Estados Unidos dice defender la competencia y el libre mercado, pero cuando China empieza a competir fuerte en tecnología, minerales, chips e inteligencia artificial, aparece el: “elegí conmigo o quedás afuera”.

Y eso puede producir un efecto bastante distinto al que busca Washington.

Si a un país le decís que tiene que elegir entre Estados Unidos y China, ese país puede elegir. Pero también puede pensar: ¿y si desarrollo mi propia tecnología? ¿Y si compro a varios proveedores? ¿Y si no dependo de ninguno de los dos?

Y China tiene tamaño, industria, mercado interno, capacidad tecnológica y recursos suficientes como para tomarse esa amenaza bastante en serio.

Cada restricción estadounidense puede convertirse en otro incentivo para fabricar en China lo que antes compraba afuera. Cada puerta que Washington intenta cerrar puede ser otra razón para que Beijing construya una puerta propia.

Y mientras tanto aparece Argentina, que es donde la cosa se pone bastante más incómoda.

El Gobierno de Milei decidió alinearse fuerte con Estados Unidos y entrar a Pax Silica. La apuesta tiene una lógica: Argentina tiene litio, cobre, energía, potencial minero y recursos que Estados Unidos considera estratégicos para la nueva economía tecnológica.

Perfecto.

Pero Argentina también tiene algo bastante menos tecnológico y bastante más urgente: una relación económica y financiera con China que no desapareció porque Milei se saque fotos con Trump.

El 5 de agosto, el Banco Central argentino y el Banco Popular de China renovaron el swap de monedas por 130.000 millones de yuanes y, esta vez, extendieron el acuerdo de tres a cinco años. Además, se mantuvo vigente el tramo activado de 35.000 millones de yuanes, unos 5.000 millones de dólares.

O sea: mientras Washington arma un frente para reducir la dependencia tecnológica de China, Argentina acaba de renovar por cinco años una herramienta financiera estratégica con Beijing.

Una cosa es elegir camiseta. Otra es elegir quién te banca cuando se termina el partido.

Y acá es donde la política exterior de Milei empieza a tener que explicar algo más que la simpatía personal con Trump.

Porque si la pelea entre Washington y Beijing sigue subiendo de temperatura, Argentina puede quedar sentada arriba de una contradicción bastante grande: pertenecer al club estadounidense mientras mantiene intereses económicos concretos con China.

Y no hace falta ser especialista en geopolítica para entender el problema.

China compra productos argentinos, invierte, tiene acuerdos comerciales y acaba de renovar el swap. Estados Unidos quiere que sus socios reduzcan la dependencia de China en sectores estratégicos.

¿Y nosotros qué hacemos?

Porque una cosa es tener relaciones carnales con Estados Unidos. Otra es aceptar que una potencia decida con quién podemos comerciar, qué tecnología podemos comprar o dónde podemos poner nuestros intereses.

Y hay algo todavía más interesante: la política de Washington puede terminar ayudando justamente al país que pretende frenar.

Si China queda afuera de determinadas cadenas de suministro, va a intentar reemplazarlas. Si le bloquean tecnología, va a fabricar tecnología propia. Si le cierran mercados, va a buscar otros. Y si Estados Unidos obliga a sus socios a elegir, Beijing tiene una oportunidad enorme para presentarse como la alternativa.

Ya lo está haciendo.

Así que el problema para Trump puede ser que, en su intento de hacer grande otra vez a Estados Unidos, termine consiguiendo algo bastante distinto: hacer que China sea cada vez más grande por necesidad.

Y mientras las dos potencias se pelean por quién manda en la tecnología del siglo XXI, nosotros tenemos que decidir algo bastante más sencillo.

¿Vamos a tener una política exterior propia o vamos a seguir cambiando de camiseta según quién grite más fuerte?

Porque China, por ahora, parece haber entendido algo que Washington todavía no: cuando te cierran una puerta, podés pasar años puteando frente a ella.

 

O podés construir otra.

 

 

 

 

 

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